La sabiduría del beso

🔥Hoy en día ya no vemos bocas. Sin las bocas cuesta más imaginar el carácter de una persona cuando está en silencio. Ahora todo el mundo parece tener “resting bitch face” con la mascarilla puesta.

Hace poco alguien me dijo que en el futuro no habrán besos...que eso es de antaño y que después de la pandemia deberían prohibir los besos ya que la boca es fuente primaria de transmisión de bacterias e infecciones. Pero este pensamiento científico simplificado deja un poco de lado nuestra necesidad como seres humanos de acercarnos y darnos afecto.

Caminando de vuelta a casa no pude parar de pensar en lo que había dicho. ¿Cómo pueden desaparecer los besos? Y,¿qué es un beso fundamentalmente? Investigando un poco más descubrí que un beso es mucho más que dos labios tocándose o dos lenguas revoloteando entre dos bocas de manera aleatoria. Un beso es un auténtico intercambio de distintos elementos que engloban aspectos tanto físicos como emocionales. Un beso de amor, un beso con amor, un beso fraternal o amistoso, un beso consciente y un simple beso y nada más.


Técnicamente durante un beso pasan todas estas cosas:

  • Cuando besamos usamos 30 músculos faciales, de los cuales 17 están en la lengua

  • 9 miligramos de agua son transferidos durante un beso

  • 80 millones de bacterias son transferidas en un segundo de boca en boca

  • Se queman 15 calorías en 3 minutos de beso

  • Se intercambian hormonas como serotonina, dopamina, oxitocina y testosterona

Siendo el área de la boca un centro de terminaciones nerviosas, es una de las zonas más erógenas del cuerpo. Resulta que intercambiar saliva con otro ser provoca reacciones en el cerebro, liberando así neurotransmisores que generan un efecto en nuestro cuerpo.

Por ejemplo, la serotonina es la hormona del bienestar que ayuda a regular nuestro estado de ánimo, la dopamina estimula las zonas del cerebro que producen euforia y placer; esto hace que un beso sea adictivo y nos den ganas de dar más. A su vez, la testosterona domina el deseo sexual siendo responsable de dilatar los vasos sanguíneos y por acelerar el ritmo circulatorio. Por su parte, la oxitocina es la hormona segregada durante el parto y la lactancia; estimula el apego y la confianza. Así, si se comparten muchos besos con la misma persona, nos ayuda a fortalecer vínculos de confianza con el otro. (La ciencia del beso, S. Kirshenbaum)

Ya dijimos que el cerebro recibe información transmitida en el cuerpo físico a través de un estímulo hormonal. Pero es preciso especificar que cuando hay un intercambio en el cuerpo físico también este existe en el cuerpo sutil ya que, siendo seres multidimensionales desde un punto de vista holístico (fig.1), una cosa no se separa de la otra. Es aquí donde entra en juego nuestra energía y como es invertida.



Entonces, un beso es igualmente un compartir de energía durante el cual yo comparto una parte de mi y recibo una parte de la otra persona. Visto de esta manera quizás volvería a la teoría de que los besos son “cosa de antes”; antes de que tomáramos conciencia de nuestro cuerpo, antes de entender que la esencia del ser cohabita con el vehículo funcional que conocemos cómo cuerpo [físico], antes de tener presente que la energía es algo que se cultiva y por ende, se protege.

En el tantra, uno de los objetivos del beso es conectar a través del alma transgrediendo las barreras físicas, no pensar que damos un beso sino convertirnos en el beso en sí.

Esto me hace pensar en si esto puede suceder con cualquier persona o si para convertirnos en beso debe haber un equilibrio en la información que se comparte. Para esto, lo primero es estar presente y conectado con nuestro ser interior; intentar salirse del pensamiento para darle paso a los sentidos y permitir que el cuerpo haga su química, expresando libremente su lenguaje intrínseco. Lo segundo es saber que para proteger la energía es importante tener claro que en un beso hay dos universos que se entrelazan. Viéndolo desde aquí, el valor de un beso es medible dependiendo de la persona con quien se comparte. Si recibo menos de lo que doy, me desgasto. Quizás esto no se podrá evaluar a través de un cálculo pero cuando dejamos que el cuerpo escuche, podemos sentir la realidad sensorial.

Así pues amigues, un beso no es sólo un beso. Si yo tengo presente que cultivo mi energía porque eso hace de mi una persona feliz, quiero saber que la persona con quien compartiré mi energía también se cultiva a sí misma y tiene consciencia de que, al besarme, me está entregando a la vez que está recibiendo. De esta manera podemos crear intercambios equitativos y sostenibles. ♥️


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